El cambio demográfico estadounidense, y su riesgo social

Desde el final de la segunda guerra mundial, la población estadounidense ha sufrido un cambio en su composición muy significativo. La llamada pirámide generacional ha dejado de ser eso precisamente, y se parece mucho más a un árbol de navidad, un poco gordito en el medio, en la actualidad. Dicho cambio en su composición, pone en riesgo el sistema de servicios sociales del gobierno federal, que lleva incurriendo un déficit hace mucho tiempo.

Por: Dr. Alfonso Sánchez Peñalver

En los dos últimos artículos que he escrito para este medio de comunicación, he analizado el déficit fiscal federal estadounidense, https://latespanol.com/2025/10/12/la-cruda-realidad-fiscal-federal-estadounidense/, e identificado el déficit en la prestación de servicios sociales como un componente importante del mismo, https://latespanol.com/2025/10/20/el-problema-deficitario-de-la-estructura-de-los-servicios-sociales/. En este último, identifiqué el envejecimiento de la población estadounidense como un motivo principal para el déficit en los servicios sociales, ya que los mayores recipientes de dichos servicios es la población de 65 años o más, y los que contribuyen a dichos servicios son aquellos en edad de trabajar. Para entender por qué una estructura piramidal incorrecta puede inducir un déficit, consideremos los seguros sociales, ya que suponen un 50% de los gastos en servicios sociales y un 80% de las contribuciones a los mismos. Aunque, como ilustré en el segundo de los artículos mencionados, actualmente las contribuciones a los seguros sociales superan a los gastos en los mismos, viendo el crecimiento de ambos en los últimos 24 años, y asumiendo que ambos siguieran creciendo a sus respectivos ritmos, en nueve años los gastos superarán a las contribuciones. Hay que entender que, para pagar las pensiones de jubilación, las cuales componen el mayor gasto en seguros sociales, el gobierno no toma las contribuciones a los seguros sociales, que el empleado hizo en su día, y los invierte hasta pagar tu pensión de jubilación, por ejemplo. En cambio, paga las pensiones de jubilación de los mayores de 65 años con las contribuciones de los empleados actuales. Pero las pensiones de los jubilados actuales deben ser igual a lo que contribuyeron, más un retorno considerable para evitar la pérdida de poder adquisitivo. Para ello el departamento de Seguridad Social en Estados Unidos, desarrolla el Average Wage Index, y los pagos de las pensiones se ajustan a lo que cambia dicho índice cada año, en todos los años desde que el contribuidor hizo sus contribuciones hasta que las recibe. Por lo cual, lo que tienen que contribuir los empleados actuales tiene que ser igual a lo que contribuyeron los antiguos empleados más el ajuste por el crecimiento de los salarios en todos los años que pasaron. Es cierto que los sueldos actuales son más altos que los de años anteriores, por lo que parte de ese crecimiento está reflejado en que contribuyen el mismo porcentaje de un sueldo mayor, pero la realidad es que, si la población envejece, como mostré en el segundo de los artículos, cada vez hay más beneficiarios de los seguros sociales, proporcionalmente, que contribuyentes a los mismos. Esto es también cierto para el seguro de salud Medicare, que se ofrece para los jubilados. Para asegurarse que el sistema funcione bien, la cantidad de la población contribuyente debe ser mayor, proporcionalmente, que la población beneficiaria.

Fuente: https://www.populationpyramid.net/

Para comenzar el análisis, en el gráfico superior presento la pirámide de la población estadounidense categorizada en grupos de edad de 5 años cada uno, excepto el superior, que es de 100 o más años, cada diez años, desde 1950 a 2020. En general vemos cómo lo que era una pirámide casi perfecta en 1950, excepto por las categorías de los adolescentes, ha pasado a ser un árbol ancho en casi todas sus categorías, estrechándose sólo a partir de los 65 años, y siendo más estrecho, también, en la base. Vemos, pues, cómo, por lo explicado anteriormente, los cambios en la pirámide poblacional están poniendo en riesgo el sistema de los servicios sociales estadounidense.

Mirando las pirámides una a una, podemos ver exactamente cómo aparece la generación de los baby boomers, los nacidos entre 1946 y 1964, y cómo se van moviendo hacia arriba en edad con el tiempo. Vemos cómo hasta 1990, el movimiento es como si fuera una ola que va subiendo, y luego la pirámide va volviendo a su forma original. Pero esto cambia a partir del año 2000, cuando la población por debajo de los baby boomers, se va ensanchando también hasta 2020. Esto fue debido al crecimiento de la inmigración en Estados Unidos a partir de 1990, gracias al Immigration Act of 1990, que hizo que la población estadounidense nacida en otro país se doblara entre 1990 y 2000.

Fuente: https://ourworldindata.org/

Aunque podemos observar los efectos de los baby boomers y de la inmigración, sólo mirando a las pirámides no podemos explicar por qué el índice de natalidad durante 1946 y 1964 fue más alto que posteriormente, ya que las generaciones posteriores son menores en las pirámides. Al mismo tiempo, si la mortalidad hubiera sido constante, la forma de la pirámide se habría mantenido en la parte superior, decreciendo mucho más rápido después de la generación de los baby boomers. Pero, en cambio, vemos cómo a partir de 1970 se forma una banda de cuatro grupos encima de los boomers, bastante recta, que no existía anteriormente. Para explicar estos dos fenómenos muestro, en el gráfico superior, el índice de natalidad y mortalidad en Estados unidos desde1948 para la natalidad, y desde 1950 para la mortalidad. Vemos cómo el índice de natalidad disminuye drásticamente entre 1960 y mediados los 70, después se recupera hasta 1990, y a partir de ahí disminuye hasta nuestros días.

El descenso drástico después de 1960 explica cómo la generación posterior a los boomers era menor en tamaño, y vemos, en el gráfico de las pirámides, cómo la base es siempre más pequeña que la generación de los boomers desde 1970. Esto hay que ponerlo en perspectiva, porque hay que entender que la población, en sí, crece. Por tanto, hay muchas más parejas para tener hijos, sobre todo cuándo los boomers alcanzan la edad de procrear. En concreto, la ligera recuperación en el índice de natalidad entre mediados los 70 hasta 1990, viene dado precisamente porque la generación de los boomers empezó a procrear. Pero vemos cómo no es suficiente para recuperarse completamente, y ello hace que la generación descendiente de los boomers sea más pequeña que la de los mismos boomers. Esto indica, que esa población no se está renovando y va a tender a reducirse, algo que hubiera sido inevitable a no ser por la mencionada inmigración a partir de 1990. Un poco más adelante analizaré el motivo por el cual el índice de natalidad bajó tan drásticamente desde 1960. Pero es interesante ver cómo, a pesar del incremento de la inmigración desde 1990, el índice de natalidad sigue decreciendo hasta nuestros días. Si tenemos en consideración que, en general, los inmigrantes procrean más que los nativos, vemos entonces que o bien el índice de natalidad de los nativos baja mucho más drásticamente, o que los inmigrantes, al ajustarse al ritmo de vida estadounidense, dejan de procrear tanto, o ambas cosas.

En cuanto a la tasa de mortalidad, vemos cómo se mantiene más o menos constante hasta 1968, y a partir de ahí desciende hasta 2009, y después incrementa constantemente. El descenso de la mortalidad desde 1968, es lo que hace que se forme esa banda ancha por encima de los boomers en la pirámide de 1970, y que se vaya ensanchando las bandas de edad más avanzada, incluso antes de que los boomers alcancen esa edad. El incremento a partir de 2009 viene dado por distintos motivos, en particular por muerte por sobredosis de drogas, el crecimiento en el número de enfermedades crónicas degenerativas, incremento en la tasa de suicidios, y, a partir de 2020, de infartos y cáncer como causa del COVID-19 y las mal llamadas vacunas. Estas observaciónes nos hace entender el porqué de la lucha contra los cárteles de la droga por el presidente Trump, y contra las vacunas y el sistema de alimentación del secretario para la salud Robert Kennedy Junior.

La Segunda Ola del Feminismo en Estados Unidos

Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics

No es casualidad que el índice de natalidad descienda tan bruscamente a partir de 1960, como hemos visto. Es ahí donde empieza la llamada segunda ola del feminismo en Estados Unidos. Una ola que se ve reflejada en la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, algo que había empezado durante la segunda guerra mundial, por necesidad, y que se mantuvo en los años cincuenta por la guerra de Corea (1950-1953), y de Vietnam (1955-1975). En el gráfico superior, muestro los porcentajes totales, de hombres y de mujeres, de la población que participa en el mercado laboral, en la izquierda, y que está empleada, en la derecha. Para entender, la diferencia entre ambos es el porcentaje de la población que está desempleada. Los datos son anuales, desde 1948 hasta 2024. Vemos cómo entre 1948 y 1970, aproximadamente, hay un remplazo completo entre hombres y mujeres en el mercado laboral, puesto que tanto el nivel de participación total, y el nivel de empleo total, son bastante constantes, mientras que el nivel de participación y empleo de las mujeres incrementa, y el nivel de participación y de empleo de los hombres disminuye. Dicho reemplazo es comprensible, por las dos guerras mencionadas anteriormente, en una época en la cual el ejército estaba compuesto en su casi totalidad por hombres.

De todos modos, vemos cómo a partir de 1960 el crecimiento tanto del porcentaje de participación, como del porcentaje de empleo de las mujeres es mayor, es decir las pendientes de ambas curvas es más empinada que anteriormente. Si no fuera por la guerra de Vietnam, el índice de participación total habría crecido antes de 1970, que es cuando, por fin, empieza a crecer. Recordemos que, en 1970, Richard Nixon empezó a disminuir el número de tropas que enviaba a Vietnam. Lo cual explica por qué la participación laboral total empieza a incrementar, y la tasa de mortalidad empieza a disminuir, a partir de ese año. A pesar de ello, vemos que el índice de empleo total no empieza a subir hasta finales de los 70, lo que indica que ese incremento en la participación total se tradujo en desempleo en los 70, con la tasa de desempleo incrementando del 4.9% en 1970 a 8.5% en 1975, y el National Bureau of Economic Research decretando que entre 1973 y 1975 hubo una fuerte recesión económica. Recordemos que en la segunda mitad de los años 60 hubo un gran movimiento social en Estados Unidos, el movimiento hippy, liderado por grandes pensadores que promulgaban el cambio social. El problema, parece ser, que el mercado laboral estadounidense no estaba preparado para absorber el influjo masivo de las mujeres hasta 1978, que es donde el porcentaje de empleo total empieza a crecer.

Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics

Para ver las consecuencias totales en los números del mercado laboral, en el gráfico superior presento la composición de los empleados, y de la población activa, por género. En el lado izquierdo presento los niveles de empleados y de la población activa desde 1948 a 2024. En el lado derecho el porcentaje que cada género representa del total de los empleados y de la población activa. Es interesante ver cómo, excepto por algunas fluctuaciones temporales en el caso de los empleados, las gráficas del empleo y de la población activa son casi idénticas, tanto las dos de la izquierda, como las dos de la derecha. Cambia levemente el nivel de cada una, en las de la izquierda, puesto que la diferencia entre ambas son los desempleados, pero vemos cómo la cantidad de hombres y mujeres empleados crece igual que la cantidad de hombres y mujeres en la población activa. Mirando a los números, comprobamos que esto es cierto. En 1948 habían 43.54 millones de hombres y 17.63 millones de hombres en la población activa, y 41.86 millones de hombres y 16.88 millones de mujeres empleados. En 2024 el número de hombres en la población activa es de 89.30 millones, y empleados es de 85.62 millones, mientras que las mujeres en la población activa fueron 79.25 millones, y empleadas 76.04 millones. Estos números suponen un crecimiento anual de 0.95% para los hombres y de 2.00% para las mujeres, tanto en los empleados como en la población activa. Esta igualdad en el crecimiento en ambos grupos de los niveles de ambos géneros, indica que los desempleados de ambos géneros también crecieron a esos respectivos ritmos anuales, lo que además indica que la tasa de desempleo en Estados Unidos es muy constante a largo plazo.

El mayor crecimiento de las mujeres con respecto a los hombres en ambas categorías, cosa que ya habíamos visto anteriormente, es lo que hace que el porcentaje de las mujeres en ambas categorías incremente con respecto a los hombres. Viendo la parte derecha del gráfico, observamos cómo dicho crecimiento en importancia es considerable hasta 1990, aproximadamente, y que después la composición porcentual de ambos grupos parece establecerse y no cambiar mucho más, o cambiar mucho más lentamente. Con respecto a los porcentajes los hombres representaban un 71.19% de la población activa y un 71.26% de los empleados en 1948, y un 52.98% de la población activa y un 52.96% de los empleados en 2024. Vemos cómo en cada año los números son parejos entre ambas categorías, y que representan una pérdida de 18.21 punto porcentuales en la población activa, y de 18.30 puntos porcentuales en los empleados. Las mujeres son los complementarios así que subieron su representación en ambas categorías en esos mismos puntos porcentuales. Es interesante ver cómo los hombres siguen teniendo un mayor porcentaje, en ambas categorías, aún hoy, cuando las mujeres forman un mayor porcentaje de la población total. Pero este es un tema que no corresponde analizar en este artículo.

Fuente: https://ourworldindata.org/

Vemos, pues, cómo la incorporación de la mujer al trabajo es la causa principal del descenso de la tasa de natalidad a partir de 1960. Pero también vemos cómo alrededor de 1990 se estabiliza dicha incorporación, por lo cual esto no puede explicar por qué el índice de natalidad empieza a descender a partir de 1990. La realidad es que la incorporación de la mujer al, y su establecimiento en el mercado laboral, ha llevado a una serie de cambios en la composición, o no composición, de la familia en la sociedad estadounidense que ha hecho que la tasa de natalidad siga bajando a partir de 1990. Para ilustrar a qué me refiero, en el gráfico superior muestro la tasa matrimonial en Estados Unidos desde 1948 a 2022, último año del que hay datos. Vemos cómo a partir de 1983 dicha tasa empieza a descender continuamente hasta 2009, y ahí se mantiene un par de años y empieza a recuperarse hasta 2018. Obviamente 2020 es una anomalía por las medidas de los distintos gobiernos estatales con respecto al COVID-19, pero en 2022 la tasa vuelve al mismo nivel que 2019.

No quiero decir que el descenso de la tasa matrimonial sea el causante del descenso de la tasa de natalidad a partir de 1990, ya que hoy en día hay muchas parejas que viven juntos y tienen hijos, pero no se casan, pero sí que es un reflejo del cambio en la estructura familiar en la sociedad a partir de 1980, que está originado por la incorporación de la mujer al mercado laboral. Dicha incorporación lleva a una independencia mayor de la mujer, y a un esfuerzo mucho mayor de tanto hombres como mujeres con el trabajo para llegar a fin de mes, que hace que cada vez se den menos condiciones favorables para tener hijos. Si a esto añadimos el desarrollo de métodos anticonceptivos, así como el conocimiento de los mismos, y de los riesgos de transmisión de enfermedades a través del sexo, como el Sida, que se han dado a partir de 1980, podemos entender por qué la tasa de natalidad sigue decreciendo anualmente.

Conclusiones

En este artículo he analizado el cambio que ha sufrido la pirámide poblacional estadounidense desde 1950. Un cambio que pone en riesgo el sistema de los servicios sociales estadounidenses, cómo ya mencioné en un artículo anterior. He identificado el descenso en la tasa de natalidad desde 1960 cómo el mayor contribuyente al cambio en la pirámide poblacional, con el descenso en la tasa de mortalidad teniendo un efecto en el envejecimiento de la misma. Por último, el crecimiento de la inmigración a partir de 1990 ha evitado que la pirámide se invierta en su mayoría, pero no ha conseguido que vuelva a tener un aspecto piramidal otra vez, quedándose la figura como el tronco de un árbol en su mayoría. Con respecto al descenso de la natalidad a partir de 1960, he mostrado cómo la incorporación al mercado laboral de las mujeres a partir de 1948 es el mayor causante del efecto inmediato en el descenso de la natalidad, y cómo el establecerse la mujer en el mercado laboral lleva a una nueva dinámica social, y concepto de familia, que hace que la tasa de natalidad siga descendiendo a partir de 1990, una vez que la generación de los baby boomers dejaran de tener hijos. Es interesante ver cómo, a pesar de que los inmigrantes suelen tener una tasa de natalidad mayor que los ciudadanos estadounidenses, el incremento de la inmigración a partir de 1990 no evita que la tasa de natalidad descienda. Esto parece indicar que los inmigrantes al intentar adaptarse a la nueva cultura, dejan de tener tantos hijos como hubieran tenido en sus países de origen.

Viendo cómo la tasa de natalidad sigue descendiendo, y cómo a pesar de la inmigración los servicios sociales siguen generando un déficit mayor cada año, llegamos a la conclusión de que el país necesita una restructuración social si queremos mantener el sistema de servicios sociales, y que sea sostenible. No es cuestión de incrementar la inmigración más, sino de crear una sociedad en la cual las nuevas generaciones sean de mayor tamaño que las actuales, para poder garantizar la solvencia y sostenibilidad del sistema social. O eso, o sencillamente nos olvidamos de los servicios sociales, porque el gobierno no puede permitirse un déficit permanente como el que tiene desde los 90.

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