Christian Pulisic perdió el balón 11 veces en 45 minutos mientras el equipo estadounidense se desmoronaba en el Lumen Field.

La participación de la selección de EE. UU. en el Mundial llegó a un final contundente el lunes por la noche tras una derrota por 4-1 ante Bélgica. Pero la imagen que perduró no fue el marcador, sino Romelu Lukaku ejecutando el baile de Trump después del cuarto gol de Bélgica.

Rodeado de sus compañeros, Lukaku celebró mientras Bélgica sentenciaba la eliminación de EE. UU., precisamente en suelo estadounidense.
Clay Travis, fundador de OutKick, expresó una verdad incómoda sobre la oportuna celebración de los belgas.
“Bélgica hizo el baile de Trump tras su cuarto gol contra nosotros. No puedo evitar respetar esa provocación. Nos dieron una paliza, así que tienen derecho a bailar“.
Tiene razón. Si no quieres que un delantero europeo se burle de ti haciendo el baile característico de tu propio presidente, no permitas que te marquen cuatro goles en un partido de eliminación directa.

Así pues, Bélgica se ganó el derecho a presumir.
La selección de EE. UU. llegaba con gran impulso al duelo de octavos de final contra Bélgica.
El presidente Donald Trump acaparó la atención antes del inicio del partido.

Fue imposible ignorar su influencia en la decisión de la FIFA de levantar la suspensión de Folarin Balogun, lo que permitió a los estadounidenses contar con su máximo goleador en un momento crucial.
Fue una victoria para los estadounidenses, pero también munición para sus críticos.

Bélgica arrolló a EE. UU. por 4-1, y Malik Tillman pareció ser el único estadounidense a la altura de las circunstancias.
Matt Freese tuvo grandes dificultades en la portería, pero ninguna decepción fue mayor que la de Christian Pulisic. El capitán de EE. UU. desapareció cuando más se le necesitaba; perdió la posesión en repetidas ocasiones y no logró aportar la chispa que su equipo requería desesperadamente.

Con Pulisic neutralizado y Balogun bien controlado, los estadounidenses se quedaron sin respuestas.
El equipo de EE. UU. se desmoronó tras una prometedora trayectoria hasta los octavos de final.
Si la selección estadounidense aspiraba a consolidarse en la élite del fútbol, se quedó muy lejos de lograrlo.